Si alguna vez tuviera que explicarle, digamos, a mi hija -por esas preguntas que caen como accidentes y cuya respuesta es siempre distante, casi imposible- qué es, cómo se constituye, cómo se ve, de qué materia está hecho el espíritu, la llevaría a tocar esta agua que descubrí hace un par de días en la montaña. A esta agua no la evade ningun significado. Si esto no es la esencia misma del mundo, si no es lo que debe pervivir, lo que debe mutar pero conservarse en su significado último, no sé que otra cosa podría ser. Esta es, de muy lejos y para mí, una de las cosas más bellas que he visto en mi vida; huelga decir que de esta foto me sentiré siempre orgulloso, en su salvaje simplicidad.
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Esta foto es un poema. Y lo que dices de ella. Faaaaa!