La corteza se le cae sin ninguna premura. Su aspecto es desolador como es desoladora la sequía, la falta total de intención. Otro árbol lo invade y él lo deja hacer, indolente. Un bombero pasa junto a mí -improbable como sólo puede ser un bombero que pasa junto a ti, y que además te habla como si tal cosa- y me dice “cuidado, que ahí dentro hay un avispero”. No sé qué decir ante un árbol con tan malas referencias; yo sólo miro un árbol que, obtuso e inútil y devastado y ocupado y pretencioso, quiere arañar al cielo.
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¿Y en serio pasó un bombero????
Sí, carnalita. Iba sin el uniforme de “apagar fuego”, pero con su uniforme común. Cabe aclarar que el árbol está muy cerca de la estación de bomberos de Amecameca.